LaVoz / Mart�n BáezRosa Bertino
Especial

Al principio, cuesta entender lo que está pergeñando el Grupo de Robótica y Sistemas Integrados (GRSI) de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Los esquemas y videos, y el entusiasmo del ingeniero Ladislao Mathé (57) despejan las dudas que suscita la ignorancia en un campo poco visible en lo doméstico, pero ya inseparable de nuestra existencia.

Actualmente, no sólo la industria y la metalmecánica se manejan con inteligencias artificiales y asistencia automática. El provechoso aporte del GRSI a la salud pública corrobora esa tendencia global.

Desde su oficinita en la Ciudad Universitaria, los cerebros naturales están completando un artefacto que pueda suplantar al médico que sostiene la cámara de video durante una laparoscopia. Incluso piensan acoplarle un comando vocal, para que reciba órdenes concisas de un par de voces previamente registradas. En síntesis, el propósito es que el cirujano y sus asistentes tengan las manos y la mente puestas sólo en la intervención abdominal, uretral u otros interiores del cuerpo donde ya se impuso la cirugía sin bisturí. Se trata de la laparoscopia.

Apoyo. “El brazo mecánico es más preciso que el humano, y no se cansa”, explican los ingenieros Mathé y Gabriel Gómez (ver: ¿Lo compramos, o lo hacemos?). El prototipo está casi listo. El próximo paso consistirá en fabricarlo, a un costo no muy superior a los 30 mil dólares. Precio argentino, por supuesto, ya que comprarlo costaría alrededor de 150 mil dólares.

“El proyecto se llama Brazo Robótico para Laparoscopia, y en octubre pasado fue autorizado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología”, señala el ingeniero Mathé.

La sede local de este organismo les adelantó un subsidio, para completar las primeras etapas. La iniciativa propiamente dicha surgió hace dos años y medio, del cirujano pediatra Fabio Comelli, del Hospital de Niños de la Santísima Trinidad, en bajada Pucará. En la jerga específica, un dispositivo de esta índole se llama Sistema Endoscópico Automatizado para Posicionamiento Óptimo (Seapo), porque esa es su función.

“Mecatrónica”. Mientras se inclinan para observar el espécimen, el “terminator” nacido de horas de insomnio y cálculos, los integrantes del GRSI parecen chicos fascinados con un juguete nuevo. “Es un proyecto muy convocante”, reconoce el casi ingeniero Guillermo Pérez.

Una extremidad artificial de estas características es parte de la creciente demanda de biotecnología, aunque también puede servir a fines industriales.

Con su diseño y realización, el GRSI ha ingresado de lleno en los dominios de la “mecatrónica”, esa novedosa rama de la ingeniería que combina la mecánica con la electrónica. Sólo falta bautizarlo al futuro ayudante de quirófano en el Hospital de Niños.

Ya que estamos, podemos decir que robot proviene del checo robota (trabajo forzado) y rabota (servidumbre). Y del género de anticipación, que algunos prefieren englobar como ciencia ficción. El término surgió del escritor checo Karel Capek (1890-1938), y popularizado en su obra R.U.R.: Rossumovi Univerzální Roboti (Los robots universales de Rossum).

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