La asistencia sanitaria representa un grave problema a todas las empresas que aseguran a sus empleados por los costes que implica. Así, está fijándose la vista en la robótica avanzada como alternativa en la sala de operaciones para que los pacientes/empleados puede incorporarse con antelación al trabajo, a la vez que se logra reducir los costes asociados a la cirugía o el importe de la factura por gastos médicos.

Los libros de ciencia ficción hablaban hace diez años de la invasión de los robots, pero parecía eso, ciencia ficción. Singulares artilugios se están haciendo cargo de algunas tareas básicas del individuo, como las domésticas, pero otros, mucho más sofisticados están contribuyendo a la innovación tecnológica, es el caso de los robots destinados a los laboratorios u hospitales.
Si antes un cirujano era juzgado por la calidad de la institución en la que ha obtenido su título, en un futuro no muy lejano puede que el éxito de las operaciones dependerá cada vez más de la habilidad del equipo de robots utilizado por el cirujano.
La industria de robots quirúrgicos comenzó a desarrollarse durante la pasada década, como consecuencia de proyectos militares que ofrecían asistencia quirúrgica remota en el campo de batalla o en situaciones de base. Y aunque la manipulación remota es ciertamente posible mediante la robótica, los principales beneficios de utilizar estas tecnologías son el mayor grado de control que se obtiene y la capacidad de utilizar unas técnicas que pueden ser definidas como cirugía mínimamente invasiva.
Aunque los robots contribuyan a reducir el coste de las operaciones y aporten ventajas importantes, su valor es ciertamente elevado, pues rondan el millón de dólares cada uno, una suma considerable para unos hospitales generalmente escasos de fondos.
Por ejemplo, exceptuando operaciones muy concretas donde la mano del hombre seguirá siendo precisa, como en las esternotomías, o incisiones en el esternón, la asistencia robótica aportará a la cirugía del corazón mayor rapidez y riesgo para el paciente en las operaciones. Así, los médicos no tendrán que sostener ellos mismos el instrumento quirúrgico, sino que realizan tres incisiones del tamaño de un lápiz: una para un endoscopio y dos para las “manos” del robot. Las manos podrán ser insertadas a través de las incisiones y serán guiadas por el cirujano, que tendrá una visión en tres dimensiones a través del endoscopio. Así, gracias a la robótica, los cirujanos obtendrán un mayor grado de control que el que ofrece la cirugía “manual” convencional.

Los canadienses son pioneros
Recientemente se han realizado numerosas operaciones de bypass utilizando robots en hospitales de Canadá, Europa y los Estados Unidos. El London Health Sciences Center (LHSC) de Ontario, Canadá, pronostica que sus operaciones del corazón asistidas por robots aumentarán desde el 5% por ciento experimentado en 1999 a un 30 por ciento de un total de 1.700 pacientes en 2005. LHSC ha mantenido una gran actividad en este campo, incluyendo la primera operación de bypass asistida por robots en pecho cerrado sobre un corazón latiendo, y la primera operación de revascularización cardiaca híbrida a pecho cerrado asistida por robots, en 1999. Después de la operación, la estancia del paciente en el hospital quedó reducida de una semana a cuatro días, permitiendo una mejor utilización de las camas hospitalarias, cada vez más escasas.
Ahora bien, ¿quién suministra estas herramientas tan sofisticadas y de ciencia ficción? El posicionador endoscópico Aesop de la firma Computer Motion fue el primer robot aprobado para pruebas clínicas por la Food and Drug Administration de los Estados Unidos, en 1994, y ha actuado en más de 70.000 operaciones desde entonces. El robot quirúrgico Zeus, fabricado también por Computer Motion, ha realizado operaciones de bypass en pruebas clínicas. Y la estación quirúrgica Vinci de la firma Intuitive Surgical posee un historial algo más largo, al haber sido utilizada desde 1996 para sustitución de válvulas y operaciones de bypass, habiendo sido aprobada para comercialización por la FDA en Julio de 2000.
Naturalmente, el camino hacia un uso generalizado de los robots quirúrgicos es un camino cuesta arriba. La FDA mantiene importantes reservas sobre el uso de la tecnología robótica en cirugía, en particular porque estas máquinas dependen de su propio software programado. La FDA ha manifestado repetidamente que la aprobación de esos dispositivos dependerá de la perfección e integridad de los procesos de desarrollo del software del solicitante y de la seguridad técnica de los componentes de hardware.
Aunque aún están lejos los días en que será posible una cirugía bypass coronaria prácticamente “sobre la marcha”, puede preverse que en la próxima década tendrá lugar una rápida adopción de la tecnología robótica en la sala de operaciones. Aunque cargada por unos enormes costes iniciales para los fabricantes y hospitales, la cirugía robótica puede conducir a unos costos más bajos y a menores riesgos para el consumidor del producto, es decir, el paciente. La perspectiva de una cirugía menos intrusiva y de permanencias post-operatorias más cortas resultarán sin duda atractiva tanto para los pacientes como para los administradores de los hospitales.