Es una hidrocefalia que se confunde con síntomas seniles. Carmen Quinto pudo volver a caminar sola gracias al implante de una válvula intracraneal

“¡Hoy volví a tocar el piano!” exclamó, desbordada de alegría, Carmen Quinto, de 67 años. “Así como pude volver a caminar, también pude tocar el piano nuevamente. Hacía años que no tocaba y me olvidé de todo, pero tengo los libros con partituras”.

Carmen fue dejando lentamente de caminar al desarrollar una forma de hidrocefalia ?llamada ?de presión normal?? que afecta a las personas mayores: a una de cada diez con síntomas de demencia senil.

“Se la suele confundir con el Parkinson, el Alzheimer, la demencia leve o, simplemente, con síntomas de la vejez. De ahí que su diagnóstico suele ser hecho en forma tardía” dijo el doctor Anselmo Rodríguez Loffredo, jefe del Departamento de Neurocirugía de la Fundación Favaloro.

Problemas de memoria, trastornos en la marcha e incontinencia urinaria son los tres síntomas característicos de la hidrocefalia de presión normal, enfermedad que resulta de la acumulación excesiva de líquido dentro del cerebro y que en la actualidad puede ser tratada mediante el implante de modernas válvulas que permiten su drenaje.

En el caso de Carmen, los síntomas más notorios fueron los motores: “Mi mamá hacía pasitos muy cortos, se tropezaba mucho y tenía poco equilibrio -contó Alejandra, hija de Carmen-. Además, comenzó a tener visión doble; pero como ella tiene epilepsia desde los 4 años, le echábamos la culpa a la medicación que tomaba”.

Los síntomas siguieron empeorando y Carmen poco a poco vio restringirse su movilidad, hasta que un día (por suerte, podría decirse en este caso), se cayó y se fracturó la cadera. “En la clínica le hicieron una tomografía computada y salió que tenía hidrocefalia”, recordó Alejandra. Entonces, la neuróloga que hizo el diagnóstico sugirió pedir turno con el neurocirujano.

Deterioro progresivo

La hidrocefalia con presión normal (también conocida como hidrocefalia crónica del adulto) es la acumulación excesiva de líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro llamadas ventrículos. Si bien la función de este líquido es proteger a los tejidos del cerebro y de la médula espinal, su acumulación comprime los tejidos cerebrales contra el cráneo, produciendo un deterioro neurológico lento y progresivo.

En sus inicios, los síntomas de la hidrocefalia de presión normal suelen ser la inestabilidad al caminar, debilidad en las piernas y frecuentes caídas repentinas, sin pérdida del conocimiento. A medida que progresa la enfermedad, pueden aparecer otros síntomas, como cambios constantes en el humor, apatía, aislamiento, problemas de atención o demencia.

“La hidrocefalia se diagnostica mediante una evaluación neurológica clínica y mediante el uso de técnicas de imágenes craneales, como la ultrasonografía, la tomografía computada y las resonancias magnéticas”, explicó el doctor Facundo Manes, director de Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

Su tratamiento estándar es quirúrgico. Consiste en la colocación de una válvula (o shunt ) dentro de los ventrículos cerebrales que deriva el exceso de líquido cefalorraquídea hacia fuera del sistema nervioso central.

“Es un dispositivo diseñado para drenar el líquido cefalorraquídeo desde los ventrículos cerebrales hacia otra cavidad extracraneana, como por ejemplo el peritoneo de la cavidad abdominal -describió el doctor Rodríguez Loffredo-. Al salir parte del líquido, la presión en los ventrículos disminuye y los síntomas remiten.”

Modernos tratamientos

Si bien el tratamiento no es nuevo, agregó Rodriguez Loffredo, “actualmente contamos con sistemas más seguros en cuanto a la presión de drenaje adecuada y efectiva para cada paciente en particular.” Hoy las válvulas modernas permiten regular la salida de líquido sin necesidad de cirugía, como se hacía antes; además, cuentan con catéteres recubiertos de sustancias bactericidas que reducen el riesgo de infección.

A Carmen le implantaron una de estas válvulas el 11 de noviembre de 2007. “Dijeron que se podía obtener una mejoría del 20% -recordó Alejandra-, pero mejoró mucho más. Mejoró muchísimo la estabilidad, puede caminar mucho mejor que antes, que necesitaba andador, a tal punto que suele olvidarse el bastón y camina igual. Incluso mejoró su estado de ánimo, ya que antes tenía un humor muy feo.”

“Es importante que ante la aparición de los síntomas se consulte de inmediato al médico, ya que si esta enfermedad es tratada a tiempo se puede mejorar sustancialmente la calidad de vida del paciente y de su familia”, concluyó Rodríguez Loffredo.